Día 7 de ayuno: … y el mundo se paró

Ya he terminado la semana de preparación para el ayuno. Ahora empiezo la semana de ayuno en sí mismo, he decidido hacer un semiayuno, así que cada día comeré algo de fruta, de esta manera mi cuerpo estará libre de la digestión y podrá dedicarse a labores de limpieza y reparación. Estoy motivado y centrado en este proceso, siento que así me sintonizo con la madre tierra.

Desde hace dos años, quizás más, en mi mente es recurrente el pensamiento de parar. A veces fantaseaba con un año sabático donde liberarme de todo estrés provocado por el ritmo de la vida cotidiana. Yo mismo entraba en contradicción porque me encanta mi trabajo, me nutre y lo disfruto, sin embargo, a la vez, un cansancio histórico me empujaba a pensar en parar. Es como si fuera un palito flotando sobre las aguas de un río, atrapado por la corriente, queriendo parar en la orilla pero sin poder hacerlo, preso de la corriente, resignado a tener que luchar con todos los obstáculos que van apareciendo sin tener opción a elegir.

Me consta que no soy el único que le pasa esto, es más, me atrevo a decir, sin haber hecho un estudio sobre ello, que el porcentaje de la población que desea parar su ritmo de vida es altísimo. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué, quién marcar el ritmo? ¿Por qué me siento esclavo de un ritmo de vida del que deseo salir y pareciera que no se puede?

Bueno, estas preguntas darían para un libro bien gordo, ahora solo quiero poner el foco en una cosa de la que me estoy dando cuenta en estos días de confinamiento. Como he dicho antes, llevo años deseando parar y escuchando a alumnos y clientes de terapia que deseaban parar. Llevo años escuchando que hay que parar la contaminación para ralentizar el cambio climático, llevo años escuchando que hay que para el sistema productivo insostenible que nos conduce a la sobreexplotación de los recursos naturales. Llevo años escuchando que hay que parar la generación de residuos y la contaminación…. Y el mundo se paró.

Parece de chiste, me pregunto si este parón causado por el virus, en lo profundo lo hemos creado a través del inconsciente colectivo, un inconsciente colectivo donde se ha hecho fuerte el deseo de parar de millones de personas que estamos participando de una sociedad loca que corre no se sabe muy bien hacia dónde y, que ya muchos estamos cansado de ello. No sé si esto es así, pero intuyo que algo de verdad hay en ello.

Es verdad que en la actualidad hay muchas personas sufriendo el dolor de la pérdida, del miedo a la incertidumbre y de situaciones de convivencia extremadamente difíciles. Y también es verdad, que este confinamiento para muchas personas está suponiendo un respiro, un parar deseado desde hace tiempo. Una de las cosas que más estoy escuchando entre mis alumnos y compañeros cuando hablamos de la situación que estamos viviendo, es: «me está viniendo bien este parón» «necesitaba esto» y demás expresiones de la misma familia.

Se habla de volver a la normalidad lo antes posible. Si volver a la normalidad es volver al ritmo frenético de la vida social establecida, yo no quiero volver a la normalidad. Tenemos la oportunidad histórica de evolucionar, esta crisis tendrá sentido si extraemos los aprendizajes que nos brinda esta dura circunstancia. Yo creo que uno de los llamados a aprender de este confinamiento es el de alinear nuestro ritmo vital al ritmo de la naturaleza.

Vivimos en una sociedad estresada porque ha establecido un ritmo al margen de la naturaleza, esto nos conduce fatalmente hacia el desequilibrio y la enfermedad. Es buen momento ahora para plantearse algunas cuestiones como:

  • ¿Cuál es el ritmo que me hace bien?
  • ¿Qué espero de la vida que me hace correr tanto?
  • ¿Qué ideales estoy persiguiendo que no me dejan parar?
  • ¿Cuál es tu zanahoria? (imagen del burro que tiene la zanahoria delante y por mucho que camina nunca la alcanza)
  • ¿Eres consciente de los ciclos naturales que influyen en tu vida significativamente? (EL ciclo de la luna, el ciclo de las estaciones, los ciclos astrológicos, el ciclo menstrual si eres mujer…)
  • ¿Te alineas conscientemente con estos ciclos? Un ejemplo sencillo, ¿hay diferencia en tu actividad entre el invierno y el verano o más o menos es la misma? La naturaleza nos pide que invierno ralenticemos nuestra actividad y nos pide que en verano nos expandamos. Y así…

Quizás ya es el momento de renunciar a ciertos ideales de estatus, de aspiraciones materiales desmedidas y de expectativas codiciosas egocentradas. Es hora de resignificar lo QUE ES LA ABUNDANCIA, que no tiene que ver con acumular cosas, sino con estar conectados a la fuente esencial de la vida. Es hora de entender que la economía no es el centro de nuestra vida, la economía simplemente son las normas que tenemos que establecer como sociedad para organizar el juego humano del dar y recibir. Creo que es importante recordar que está en nuestras manos ajustar las normas que rigen la economía para nuestro bien, que son cambiables y que no pasa nada por cambiarlas, es más, será bueno que las cambiemos y las humanicemos. Es hora ya de dejar de perseguir la zanahoria para reconectar con el valor de lo que ya somos por naturaleza, el valor de lo simple, el valor del amor, el valor de lo colectivo y el valor de lo precioso que es tener consciencia de SER UN CANAL DE LA VIDA.

Muchas gracias por leerme

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Enrique Aguilar

Enrique Aguilar

Enrique Aguilar

Director de la Escuela. Activador del potencial humano.

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