Recordar lo esencial y el bien común

Enrique Aguilar

«Había una vez, en los comienzos de la humanidad una mujer o quizás un hombre andando por el bosque. Había pasado incontables veces por ese lugar y esta vez, algo le llamó la atención. Una flor de pétalos violetas y estambres amarillos. La observó, la miró, sólo miró y entonces vio.  Al ver, sintió en su pecho calor, su boca dibujó una sonrisa y sus ojos brillaron. Era el primer ser humano que accedía a ese sentimiento.

Surgió en él la necesidad de compartirlo, así que llevó a toda su tribu a ver la flor con la noble aspiración de que todos sintieran lo mismo que él. Cuando mostró la flor nadie entendió, incluso un miembro de la tribu espontáneamente arrancó la flor y se la comió para concluir que no era un buen alimento por lo que no tenía valor.

Nuestro personaje con el tiempo fue reconocido como el chamán o quizás la chamana de la tribu. Lo que sintió con la flor violeta, lo sintió en el valle, lo sintió con el águila, con la montaña, con su gente… hasta darse cuenta que, lo que sentía, no estaba en la flor sino que formaba parte de lo él era.

No tenía palabras para transmitir a los demás su experiencia y en su búsqueda inventó la pintura, inventó la poesía, inventó la metáfora y el cuento. En su búsqueda para expresar lo que sentía inventó el ARTE , que en su origen era un arte lúdico. Y así, con el tiempo, todos los miembros de la tribu fueron experimentando que la BELLEZA era parte de su naturaleza intrínseca.

Y así, en las reuniones nocturnas alrededor del fuego, los miembros de la tribu disfrutaban de los cuentos, de la música, de los bailes y escenificaciones. Todo ello, era el medio a través del cual la tribu daba forma a su naturaleza esencial, así es como recordaban quienes eran en esencia, ya que durante el día, muchas vecen olvidaban lo esencial entre los avatares cotidianos.

Era increíble ver como la tribu al jugar juntos a contar sus historias estrechaban los lazos de una comunidad fuerte, unida y amorosa. Cada miembro de la tribu era portador del valor que se cultivaba en las reuniones del arte lúdico, el valor del bien común que nacía de la plenitud de los individuos.

El deseo del bien común era algo cultivado por la comunidad en sus juegos. Era la garantía de que las siguientes generaciones siguieran evolucionando constructivamente. El bien común transcendía al ámbito de la comunidad, había una gran admiración y respeto a todo lo que conformaba la vida y su medio. 

Y así esta comunidad humana construyó un modelo de vida donde lo esencial era lo esencial.»

Fin

Y yo me pregunto, en nuestra civilización ¿qué pasa con el bien común? ¿cómo es que tantas personas viven alejadas de sus corazones? ¿cómo es que no se juega para recordar quienes somos? ¿cómo es que hay tanta gente que roba o mata? ¿cómo es, aún sabiendo que estamos destruyendo el medio natural tal y como lo conocemos, seguimos con prácticas y modos de vidas insostenibles? ¿Cómo es que estamos tan perdidos?

Necesitamos recordar lo que es esencial por mandato evolutivo.

¿Qué vas hacer para recordar lo que hay de esencial en ti?

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